América XXI
Fecha de publicación: 01/03/15

Las potencias occidentales promueven mayores sanciones a Rusia y más equipos militares pese a la tregua acordada el 12 de febrero entre el gobierno ucraniano y los separatistas prorusos. Diez días después del pacto firmado en Minsk, el alto el fuego no se había cumplido en su totalidad y se retrasó el retiro de armamento pesado.

 

En momentos en que Kiev y los prorusos retiraban las armas, el primer ministro británico, David Cameron, defendió la necesidad de imponer nuevas sanciones a Rusia por “sus acciones ilegales y totalmente injustificables” en el este de Ucrania. Acusó ante el Parlamento a Moscú por los avances separatistas (según la denuncia de Ucrania) en la localidad de Shirókino, a 23 kilómetros de la ciudad de Mariúpol, pese a la vigencia del alto el fuego. Advirtió que “cualquier intento por parte de los separatistas de expandir su territorio será seguido por nuevas e importantes sanciones (a Rusia) por parte de Europa y Estados Unidos”.

 

Al cierre de esta edición las partes se comprometían a cumplir con los compromisos de paz. Sin embargo Kiev acusaba a los separatistas de aprovechar la tregua para acopiar municiones y reagrupar milicias. De la misma manera los insurgentes denunciaron a las fuerzas ucranianas de “provocaciones y ataques” en cercanías de Donetsk y Lugansk, las dos regiones controladas por los prorusos.

 

El acuerdo de Minsk determinó que hasta tanto se acuerde una solución política definitiva a la crisis desatada tras el derrocamiento hace un año del gobierno de Víktor Yanukóvich, las tropas ucranianas y los separatistas deben retirar el armamento pesado de la zona declarada desmilitarizada. La artillería de más de 100 milímetros de calibre debe ubicarse a 50 kilómetros de las líneas establecidas y las lanzaderas de misiles deben ser replegados más allá de los 140 kilómetros.

 

Recién el 23 de febrero la Cruz Roja logró ingresar alimentos y medicinas a Debáltsevo, donde unas cinco mil personas permanecían atrapadas tras la toma de la ciudad por parte de los prorrusos. Esta organización definió la situación humanitaria como “dramática y con necesidades enormes y de diversa naturaleza”.

 

En plena tregua también se pronunció el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, al prometer que “el Estado ucraniano restablecerá el control sobre el territorio provisionalmente ocupado de la península de Crimea”, anexionada a Moscú en marzo de 2014 tras el golpe parlamentario ultraderechista que destituyó al gobierno de Yanukóvich.

 

Poroshenko encabezó en Kiev una marcha convocada el 22 de febrero para celebrar el derrocamiento del gobierno proruso un año atrás. Estuvo acompañado por una decena de líderes europeos, entre ellos el presidente alemán y el del Consejo de Europa, además de representantes de gobiernos del este europeo contrarios a las políticas de Moscú.

 

Ese mismo día se produjo un atentado explosivo en la ciudad de Járkov, en el este del país, alineada a Kiev, en el que murieron tres personas y una quincena resultó con heridas.