América XXI

La izquierda gana tiempo y la UE exige más ajuste

Por: Adrián Fernández
Fecha de publicación: 01/03/15
Foto Alexis Tsipras, el flamante primer ministro griego, cuenta con el apoyo mayoritario de la población en su disputa ante la UE y el FMI

La Unión Europea y el FMI aceptaron prorrogar la asistencia financiera al nuevo gobierno griego pero lo someten a un vertiginoso proceso de desgaste. Una gran mayoría apoya al primer ministro Tsipras y alienta a la izquierda a sostener sus promesas electorales. 



Grecia logró que los países de la eurozona aceptaran prorrogar por cuatro meses la asistencia financiera y pudo revertir el asedio lanzado por el FMI y los socios europeos para que aplicara el ajuste exigido. El nuevo gobierno del partido Syriza se mantuvo firme luego de un mes en el que las principales economías europeas aplicaron ahogo financiero, golpes de mercado y campaña de descrédito ante la opinión pública. En rigor, Atenas aceptó revisar algunas de las reformas con las que pretendía revertir las consecuencias del ajuste de los últimos cuatro años y abre una incógnita hacia adentro del propio Ejecutivo y ante la población griega que, al momento del acuerdo, apoyaba al primer ministro Alexis Tsipras en casi 70%.

 

En la propuesta aceptada por los socios europeos Grecia asume algunos compromisos exigidos por Bruselas, aunque mantiene los principales objetivos para salir de la crisis: lucha contra la corrupción, el contrabando y el fraude fiscal; contención del gasto; aumentar la recaudación de impuestos y mejoras en  el funcionamiento de la administración pública. Tsipras se reservó la potestad de revisar y eventualmente detener las privatizaciones que están pendientes aunque aceptó mantener las que ya fueron completadas por el gobierno anterior. El Ejecutivo reafirmó su plan de proteger a los hogares con ingresos más bajos y prohibir los desahucios (desalojos por falta de pago) de primeras viviendas.

 

Bruselas aprobó estas propuestas el 24 de febrero aunque algunos países de la eurozona como Alemania y Holanda deberán someter esta iniciativa a sus respectivos parlamentos. También habrá que esperar a medida que se apliquen las medidas el visto bueno de la llamada troika, que integran la Comisión Europea (CE), Banco Central Europeo (BCE) y Fondo Monetario Internacional (FMI). Recién entonces podrá ser desembolsada la ayuda de la eurozona por 3.700 millones de euros, que se estima para abril.

 

El trabajoso acuerdo permitirá al nuevo gobierno desbloquear el último tramo de 1.800 millones de euros que forma parte del rescate acordado con el Ejecutivo anterior. También posibilitará la transferencia de 1.900 millones de euros que Grecia reclama al BCE por el rendimiento de los bonos griegos.

 

Puertas de salida

 

El primer mes de la izquierda en Grecia estuvo marcado por una fuerte presión de gobiernos y mercados europeos. Pero también mostró de manera incipiente una pugna internacional muy grande entre nuevos y antiguos centros de poder. Bruselas sigue muy de cerca las relaciones entre Atenas y las dos principales potencias económicas de los Brics, Rusia y China (recuadro). Un rechazo de Bruselas a los planes griegos puede eventualmente expulsar a Atenas de la Unión Europea y acercarla a los nuevos centros de poder económico y financiero.

 

El primer ministro Tsipras y su ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, se sometieron el mismo 24 de febrero a otro examen difícil: el Consejo de Ministros griego, donde convergen distintas líneas de la izquierda y de la derecha nacionalista. Luego del encuentro trascendió que algunos ministros pusieron reservas en el programa enviado a Bruselas. Miembros de Gobierno y legisladores de izquierda temen que los compromisos asumidos pongan en riesgo el amplio programa social anunciado por el nuevo Poder Ejecutivo. El responsable del Ministerio de Reconstrucción Productiva, Panayotis Lafazanis, observó en el texto diferencias respecto al programa original con el que Syriza ganó las elecciones del pasado 25 de enero.

 

Finalmente primó el objetivo de conseguir apoyo de la UE. Hasta fines de junio Atenas buscará los caminos para aplicar reformas sin desatender el programa de gobierno anunciado tras ganar las elecciones. El ministro de Finanzas Varufakis explicó que los griegos han evitado medidas recesionistas que eran parte del acuerdo con el gobierno anterior.

 

Desde el comienzo de las negociaciones Alemania fue vocero del rechazo a cualquier cambio: “la credibilidad se basa en que cumplamos las reglas”, dijo Angela Merkel. Pero Grecia dio el paso más importante el 13 de febrero durante la cumbre especial de la UE en Bruselas donde Tsipras se encontró cara a cara con otros líderes europeos, algunos de los cuales ya había visitado en sus propios países apenas asumió el Ejecutivo. “Estamos definitivamente obligados a seguir y cumplir las reglas de la UE (pero) respetando la democracia griega y atendiendo el resultado de las elecciones”, insistió.

 

 

Después del incendio

 

En la primera reunión del Grupo de Trabajo del Euro tras el triunfo de Syriza, todos los países de la eurozona le exigieron a Grecia que cumpla con los compromisos asumidos por el gobierno anterior y que pida una prórroga del programa de rescate vigente. Tsipras remarcó en varias oportunidades que Grecia “necesita un nuevo acuerdo para volver al crecimiento y restituir la justicia social”. También pidió “una reducción razonable” del monto de la deuda griega, que asciende a 317 mil millones de euros, aunque ese objetivo se diluyó durante las negociaciones.

 

Más específico, el ministro de Finanzas resumió las necesidades con tres palabras: “tiempo, espacio y respiro”. En lo inmediato esto se traduce en respaldo financiero para afrontar los próximos pagos de la deuda (entre febrero y julio próximo habrá vencimientos por más de 20 mil millones de euros y otros 10 mil millones en la segunda mitad del año) y una reducción de las exigencias en los planes de austeridad (ajuste).

 

Los planes de la llamada Troika (que dejó de existir como tal cuando Tsipras anunció que desconocía su rol aunque aceptaba negociar con los organismos que la integran) han generado un fuerte retroceso social en Grecia, además de un mayor endeudamiento y un empeoramiento de la situación financiera. La desocupación actual es del 28% y el desempleo juvenil supera el 50%, además de una reducción de salarios y pensiones en medio de la deflación.

 

Entre 2010 y 2014 el país recibió 240 mil millones de euros del FMI, BCE y la CE. La recesión provocó la pérdida del 25% de su Producto Interno Bruto (PIB) en ese mismo período. A finales de 2010 la deuda griega equivalía al 146% del PIB; en 2011, tras la aplicación del primer plan de rescate, subió al 171%; en 2012 se aplicó el segundo plan de rescate que incluyó la quita parcial de la deuda en manos privadas, con lo cual el monto global bajó a 157 % del PIB. Pero en 2013 subió al 175% y en 2014 al 185%. El ministro adjunto de Finanzas, Dimitris Mardas, dijo que la deuda acumulada durante 2014 fue de 316 mil 900 millones de euros. “Con semejante nivel, la deuda no es sostenible”, advirtió. El 62% de esa deuda corresponde a gobiernos europeos que entregaron dinero a través de préstamos bilaterales y también desde el fondo de rescate común de la eurozona. Más de la mitad de los casi 317 mil millones de la deuda griega fue contraída con Alemania, Francia e Italia.

 

Voltear la historia

 

Tsipras llegó a Bruselas luego de haber ratificado ante el Parlamento un amplio programa de gobierno basado en sus promesas electorales. Una de las primeras medidas fue el anuncio de suministro gratuito de electricidad a 300 mil familias que se encuentran por debajo de la línea de pobreza y reducciones significativas para el resto de los usuarios. Tsipras dijo que suspenderá el proceso de privatizaciones en áreas como generación y distribución de electricidad, puertos y aeropuertos, un punto que luego debió disimular en el acta compromiso ante la UE. También decidió reabrir la radio y la televisión públicas, cerradas en 2013.

 

El amplio plan de reconstrucción social en todos los sectores afectados por el ajuste incluye ayuda alimentaria, acceso universal al sistema de salud (en los últimos años quedaron excluidas dos millones y medio de personas) y reincorporación de unos 10 mil empleados despedidos ilegalmente en diferentes áreas del Estado.

 

El nuevo gobierno prohibió los desahucios de la primera vivienda; anunció el restablecimiento del dinero extra que reciben las pensiones inferiores a 700 euros y el retorno paulatino al salario mínimo de 751 euros mensuales en 2016 (actualmente es de 300); derogó la última ley laboral; restableció los convenios colectivos de trabajo perdidos en los últimos años y eliminó los recortes en las pensiones.

 

Tsipras impulsa una reforma fiscal “que trasladará el peso de la imposición a los ingresos más altos”, que restablecerá el mínimo impositivo a 12 mil euros anuales y sustituirá la tasa inmobiliaria sobre la primera vivienda por una que comprometa a las grandes propiedades. El Estado griego decidió vender la mitad de los automóviles de los ministerios y uno de los tres aviones oficiales, quitó privilegios de ministros y diputados y movilizó el 40% de los escoltas del primer ministro (cerca de dos mil uniformados) “para que los policías estén en los barrios para la seguridad de los ciudadanos”, dijo Tsipras. “Los gases lacrimógenos no deben perseguir a maestros y jubilados”, completó.

 

 

Golpe a golpe

 

Una de las tantas malas noticias que recibieron al nuevo gobierno de Syriza fue la fuga de dinero de los bancos griegos, intensificada sensiblemente en enero. La salida de depósitos bancarios alcanzó ese mes cerca de 8 mil millones de euros (en diciembre de 2014 fueron 3 mil millones). Según datos bancarios recogidos por la prensa helena, desde finales de octubre se fugaron depósitos por 22 mil millones de euros, de los cuales 3 mil millones fueron retirados en la semana previa al acuerdo con la UE.

 

Por esos días de difíciles negociaciones, el Banco Central Europea (BCE) provocó el mayor impacto económico al nuevo gobierno: el 4 de febrero anunció que dejaba de aceptar los bonos griegos como garantías en las operaciones de refinanciación. La decisión cerró una vía de acceso a dinero fresco a bajo costo. A partir de esta resolución los bancos griegos deberán pagar para pedir dinero al llamado Mecanismo Urgente de Provisión de Liquidez (ELA) a través del Banco de Grecia a una tasa del 1,5%, mientras que hasta ahora pagaban 0,05% al BCE. Además, el ELA está supervisado por el BCE, que decide semanalmente si los griegos son solventes para prestar dinero.

 

Un par de horas después la calificadora de riesgos Standard and Poor’s redujo la nota crediticia de Grecia con el argumento de un empeoramiento de la economía del país y las posibilidades lejanas de que el nuevo Gobierno alcance un acuerdo con sus acreedores. Lo mismo hicieron luego Fitch y Moody’s cuando ambas colocaron a los cuatro bancos griegos más importantes bajo vigilancia con perspectiva negativa.

 

Washington hizo también su aporte cuando el embajador de Estados Unidos en Atenas, David Pearce, se reunió con Tsipras y su equipo económico. “Es muy importante que el gobierno griego trabaje con sus socios europeos y el Fondo Monetario Internacional”. Interpretó que las “reformas administrativas y estructurales harían más atractivo el país para la inversión extranjera”.

 

En apenas un mes Grecia soportó con firmeza presiones que otros países reciben al cabo de varios años. Los acuerdos del 24 de febrero son para la izquierda el triunfo de la resistencia y abren el camino para una negociación más equilibrada al cabo de cuatro meses. El ministro de Finanzas estimó que Atenas logró “combinar dos cosas que parecen contradictorias: lógica e ideología” y reafirmar la idea de que “más allá de las normas comunitarias las elecciones en un país pueden cambiar algo”.

 

 



A la izquierda de la izquierda europea


Alexis Tsipras ganó las elecciones con 36,34% de los votos. Una semana después de asumir el cargo los sondeos le daban 70% de aprobación. El 5 de febrero se inició la nueva legislatura griega con mayoría del partido Syriza por primera vez en la historia. La fuerza gobernante obtuvo 149 escaños; Nueva Democracia (conservador) 76 escaños; Amanecer Dorado (neonazi), 17; el Partido Comunista, 15; el centrista To Potami, 16; Pasok (socialdemócrata), 13; y Griegos Independientes (derecha nacionalista, flamantes socios del gobierno), también 13.
Syriza y Griegos Independientes formaron un Gobierno de coalición para atender cuatro temas claves: renegociación de la deuda griega, fin de las políticas de ajuste, programa de crecimiento y lucha contra el desempleo. En el mismo pacto acordaron libertad de voto en aquellos temas en que tienen mayores diferencias como política exterior, relaciones entre el Estado y la iglesia ortodoxa, cuestiones económicas internas, impositivas y situación migratoria. Syriza (acrónimo en griego de Coalición de la Izquierda Radical) nació en 2004 como unión de una docena de partidos de una amplia gama ideológica dentro de la izquierda. Los orígenes se remontan tres años antes, en el Espacio para la Unidad y Acción Común de la Izquierda que incluía al llamado “socialismo democrático”, ecologistas, maoístas, trotskistas y comunistas afines a la Unión Europea. Los unían temas comunes como la oposición a privatizaciones de la década de 1990 o la reivindicación de derechos sociales. En 2012 se transformó en un partido para disputar la presidencia de Grecia.
El crecimiento de Syriza lo convirtió en un partido de referencia dentro de la nueva izquierda europea y entre los movimientos sociales y políticos emergentes de la crisis de los partidos tradicionales. En este contexto puede entenderse el abrazo con el que Tsipras y el líder del partido político español Podemos, Pablo Iglesias, cerraron la campaña electoral en Grecia. Un día antes de las elecciones, partidos de izquierda en Europa dieron su apoyo a Syriza con una declaración conjunta en la que se fijaron como objetivo luchar contra la austeridad impuesta “brutalmente” en varios países de Europa, que dejó casi 27 millones de desempleados. Esto explica también el rechazo que generó la llegada al poder de Syriza en el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Tsipras respondió que el dirigente franquista “se equivoca” cuando vincula al nuevo Ejecutivo heleno con “sus preocupaciones domésticas”.






El ojo puesto en Moscú y Pekín


La Unión Europea sigue muy de cerca los pasos con los que el gobierno de Syriza avanza internacionalmente. Más allá de la banalidad con la que algunos dirigentes y principales medios de prensa intentan relacionar al Ejecutivo griego con las revoluciones latinoamericanas, el principal factor de preocupación de Bruselas son Rusia y China. El 11 de febrero se reunieron en Moscú los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, y de Grecia, Nikos Kotziás. Fue el primer viaje de un alto funcionario del gobierno griego a un país fuera de la Unión Europa. El canciller heleno aclaró que no está de acuerdo con las sanciones comunitarias aplicadas contra Rusia por la crisis en Ucrania. “Hay que buscar otros instrumentos y soluciones que nos satisfagan”, dijo.
El ministro ruso agradeció el gesto y reconoció que la postura de Grecia es un buen intento de fortalecer las relaciones entre Rusia y la UE “sin politizarla o sacrificarla en beneficio de ciertas ambiciones geopolíticas de terceros países”. Dijo que hubo coincidencias en la “creación de un espacio económico y humanitario común desde el Atlántico al Pacífico sobre la base de una seguridad regional indivisible”. Explicó que su país también está interesado en la “interacción” en el campo militar “pues nos ayuda a colaborar en una serie de problemas muy importantes que requieren la participación de las fuerzas armadas, como la piratería o en situaciones de emergencia”. Los vínculos de Atenas con Mosú fueron cuestionados desde el mismo día en que Tsipras asumió el gobierno. De hecho el primer representante extranjero recibido por el primer ministro fue el embajador ruso en Atenas y el segundo fue el representante de China. Algunas horas después de que quedara conformado el Ejecutivo griego se reunieron los 28 socios de la UE para analizar las sanciones económicas a Rusia. La alta representante de Asuntos Exteriores de la UE, Federica Mogherini, admitió que se trató de un encuentro extraordinario en que se hicieron planteos profundos. Fuentes comunitarias señalaron a la prensa internacional que algunos socios mostraron su “preocupación” por las relaciones entre Grecia y Rusia.
El ministro de Reconstrucción Productiva, Agricultura y Alimentación, Panayotis Lafazanis, aclaró que la pertenencia de Grecia a la UE no le impide relacionarse con el resto del mundo. Aclaró que “Grecia no tiene ningún interés en imponer sanciones a Rusia. No tenemos diferencias con Rusia y con el pueblo ruso”. El ministro griego de Defensa, Panis Kamenos, dijo que Atenas “espera mejorar las buenas relaciones con Rusia”, entre otras cosas, para reimpulsar la compra de armas interrumpida por las sanciones impuestas a Moscú. Kamenos es el único integrante del partido nacionalista Griegos Independientes dentro del Gabinete de Tsipras. De manera casi paralela a la reunión de ambos cancilleres en Moscú se realizó una conversación telefónica entre el primer ministro Tsipras y su par chino, Li Keqiang. Según informó la portavoz del ministro de Asuntos Exteriores de China, Hua Chunying, “el primer ministro griego dijo que Grecia está en una etapa crucial para renovar su economía y que espera expandir su cooperación con China, así como llevar a cabo un plan de cooperación en los campos financiero y económico (y) da la bienvenida al aumento de las inversiones chinas en Grecia”. Tanto Rusia como China mantienen importantes proyectos de inversión económica y productiva en Grecia, incluso en áreas como infraestructura y energía. Pekín analiza un proyecto de expansión para mejorar sus rexportaciones a Europa Central y Oriental y el puerto griego de El Pireo es la primera entrada para esos productos.