América XXI

La historia del pensamiento como herramienta

Fecha de publicación: 01/03/15
Foto Inmigrantes subsaharianos en la valla de Melilla. Frontera España-Marruecos

En las resoluciones de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista quedó plasmado el punto más alto de elaboración teórica y acción política revolucionarias del siglo XX. Casi 100 años después, en un mundo y una situación diferentes, estos documentos continúan válidos como material de estudio y referencia de combate para la militancia revolucionaria en todo el mundo. Aquí sólo se reproducen íntegramente las “Tesis y adiciones sobre los problemas nacional y colonial”, del Segundo Congreso, y un punto central de la “Tesis general sobre la cuestión de Oriente”, del Cuarto Congreso: “El Frente antimperialista único”.



Tesis y adiciones sobre los problemas nacional y colonial

 

1. A la democracia burguesa, por su naturaleza misma, le es propio un modo abstracto o formal de plantear el problema de la igualdad en general, incluyendo la igualdad nacional. A título de igualdad de la persona humana en general, la democracia burguesa proclama la igualdad formal o jurídica entre el propietario y el proletario, entre el explotador y el explotado, llevando así al mayor engaño a las clases oprimidas. La idea de la igualdad, que en sí misma constituye un reflejo de las relaciones de la producción mercantil, viene a ser en manos de la burguesía un arma de lucha contra la supresión de las clases bajo el pretexto de una igualdad absoluta de las personas. El verdadero sentido de la reivindicación de la igualdad no consiste sino en exigir la supresión de las clases.

 

2. De acuerdo con su tarea fundamental de luchar contra la democracia burguesa y de desenmascarar la falsedad y la hipocresía de la misma, los partidos comunistas, intérpretes conscientes de la lucha del proletariado por el derrocamiento del yugo de la burguesía, deben, en lo referente al problema nacional, centrar también su atención no en los principios abstractos o formales, sino: 1) en apreciar con toda exactitud la situación histórica concreta y, ante todo, la situación económica; 2) diferenciar con toda nitidez los intereses de las clases oprimidas, de los trabajadores, de los explotados y el concepto general de los intereses de toda la nación en su conjunto, que no es más que la expresión de los intereses de la clase dominante; 3) asimismo deben dividir netamente las naciones en: naciones dependientes, sin igualdad de derechos, y naciones opresoras, explotadoras, soberanas, por oposición a la mentira democrático-burguesa, la cual encubre la esclavización colonial y financiera –cosa inherente a la época del capital financiero y del imperialismo– de la enorme mayoría de la población de la tierra por una insignificante minoría de países capitalistas riquísimos y avanzados.

 

3. La guerra imperialista de 1914-1918 ha puesto de relieve con particular claridad ante todas las naciones y ante las clases oprimidas del mundo entero la mendacidad de la fraseología democrático-burguesa, al demostrar en la práctica que el Tratado de Versalles dictado por las decantadas “democracias occidentales” constituye una violencia aun más feroz e infame sobre las naciones débiles que el Tratado de Brest-Litovsk impuesto por los “junkers” alemanes y el káiser. La Sociedad de las Naciones, así como toda la política de posguerra de la Entente, pone de manifiesto con mayor evidencia y de un modo más tajante esta verdad, reforzando en todas partes la lucha revolucionaria, tanto del proletariado de los países avanzados como de todas las masas trabajadoras de los países coloniales y dependientes, y acelerando el desmoronamiento de las ilusiones nacionales pequeñoburguesas sobre la posibilidad de la convivencia pacífica y de la igualdad nacional bajo el capitalismo.

 

4. De las tesis esenciales arriba expuestas se desprende que la base de toda la política de la Internacional Comunista, en lo que al problema nacional y colonial se refiere, debe consistir en acercar a las masas proletarias y trabajadoras de todas las naciones y de todos los países para la lucha revolucionaria común por el derrocamiento de los terratenientes y de la burguesía, ya que sólo un acercamiento de esta clase garantiza el triunfo sobre el capitalismo, sin el cual es imposible suprimir la opresión nacional y la desigualdad de derechos.

 

5. La situación política mundial ha planteado ahora en la orden del día la dictadura del proletariado, y todos los acontecimientos de la política mundial convergen de un modo inevitable a un punto central, a saber: la lucha de la burguesía mundial contra la República Soviética de Rusia, que de un modo ineluctable agrupa en su derredor, por una parte a los movimientos soviéticos de los obreros de vanguardia de todos los países, y por otra todos los movimientos de liberación nacional de los países coloniales y de las nacionalidades oprimidas, que se convencen por amarga experiencia de que no existe para ellos otra salvación que el triunfo del poder de los soviets sobre el imperialismo mundial.

 

6. Por lo tanto, en la actualidad no hay que limitarse a reconocer o proclamar simplemente el acercamiento entre los trabajadores de las distintas naciones, sino que es preciso desarrollar una política que lleve a cabo la unión más estrecha entre los movimientos de liberación nacional y colonial con la Rusia soviética, haciendo que las formas de esta unión estén en consonancia con los grados de desarrollo del movimiento comunista en el seno del proletariado de cada país o del movimiento democrático-burgués de liberación de los obreros y campesinos en los países atrasados o entre las nacionalidades atrasadas.

 

7. La federación es la forma de transición hacia la unidad completa de los trabajadores de las diversas naciones. El principio federativo ha revelado ya en la práctica su utilidad, tanto en las relaciones entre la República Federativa Socialista Soviética de Rusia (Rfssr) y las otras repúblicas soviéticas (de Hungría, de Finlandia, Letonia, en el pasado, y de Azerbaiyán, de Ucrania en el presente), como dentro de la misma R.F.S.S.R. en lo referente a las nacionalidades que anteriormente carecerían tanto de Estado propio como de autonomía (por ejemplo, las repúblicas autónomas de Bashkiria y Tataria dentro de la Rfssr, fundadas en 1919 y 1920, respectivamente).

 

8. En este sentido la tarea de la Internacional Comunista consiste en seguir desarrollando, así como en estudiar y comprobar en la experiencia estas nuevas federaciones que surgen sobre la base  del régimen y del movimiento soviéticos. Al reconocer la federación como forma de transición hacia la unidad completa, es necesario tender a estrechar cada vez la unión federativa, teniendo presente, en primer lugar, que sin una alianza estrecha de las repúblicas soviéticas es imposible salvaguardar la existencia de éstas dentro del cerco de las potencias imperialistas del mundo, incomparablemente más poderosas en el plano militar; en segundo lugar, que es imprescindible una alianza económica estrecha de las repúblicas soviéticas, sin lo cual no sería realizable la restauración de las fuerzas productivas destruidas por el imperialismo ni se podría asegurar el bienestar de los trabajadores; tercero, la tendencia a crear una economía mundial única, formando un todo, regulada según un plan general por el proletariado de todas las naciones, tendencia que ya se ha revelado con toda nitidez bajo el capitalismo y que sin duda alguna está llamada a desarrollarse y triunfar bajo el socialismo.

 

9. En el terreno de las relaciones internas del Estado, la política nacional de la Internacional Comunista no puede circunscribirse a un simple reconocimiento formal, puramente declarativo y que en la práctica no obliga a nada, de la igualdad de las naciones, cosa que hacen los demócratas burgueses, ya sea los que se confiesan francamente como tales o los que, como los de la II Internacional, se encubren con el título de socialistas.

 

No sólo en toda su obra de agitación y propaganda —tanto desde la tribuna parlamentaria como fuera de la misma— deben los partidos comunistas desenmascarar implacablemente las violaciones continuas de la igualdad jurídica de las naciones y de las garantías de los derechos de las minorías nacionales en todos los Estados capitalistas, a despecho de sus constituciones “democráticas”, sino que deben también: 1) explicar constantemente que el régimen soviético es el único capaz de proporcionar realmente la igualdad de derechos de las naciones, al unificar primero al proletariado y luego a toda la masa de los trabajadores en la lucha contra la burguesía; 2) es imprescindible que todos los partidos comunistas presten una ayuda directa al movimiento revolucionario en las naciones dependientes o en las que no gozan de derechos iguales (por ejemplo en Irlanda, entre los negros de Estados Unidos, etc.) y en las colonias.

 

Sin esta última condición, de suma importancia, la lucha contra la opresión de las naciones dependientes y de los países coloniales, lo mismo que el reconocimiento de su derecho a separarse y formar un Estado aparte, sigue siendo un rótulo embustero, como lo vemos en los partidos de la II Internacional.

 

10. El reconocimiento verbal del internacionalismo y su sustitución efectiva, en toda la propaganda y agitación, y en la labor práctica, por el nacionalismo y el pacifismo pequeñoburgués, constituye el fenómeno más común, no sólo entre los partidos de la II Internacional, sino también entre los que se retiraron de ella y a menudo incluso entre los que ahora se denominan a sí mismos partidos comunistas. La lucha contra este mal, contra los prejuicios nacionales pequeñoburgueses más arraigados, adquiere tanta mayor importancia cuanto mayor es la palpitante actualidad de la tarea de trasformar la dictadura del proletariado, convirtiéndola, de nacional (es decir, que existe en un solo país y que no es capaz de determinar la política mundial) en internacional (es decir, en dictadura del proletariado cuando menos en varios países avanzados, capaz de tener una influencia decisiva sobre toda la política mundial). El nacionalismo pequeñoburgués proclama como internacionalismo el mero reconocimiento de la igualdad de derechos de las naciones, y nada más (dejo a un lado el carácter puramente verbal de semejante reconocimiento), manteniendo intacto el egoísmo nacional, en tanto que el internacionalismo proletario exige: 1) la subordinación de los intereses de la lucha proletaria en un país a los intereses de esta lucha en escala mundial; 2) que la nación que triunfa sobre la burguesía sea capaz y esté dispuesta a hacer los mayores sacrificios nacionales en aras del derrocamiento del capital internacional.

 

Así, pues, en los Estados ya completamente capitalistas en los que actúan partidos obreros que son la verdadera vanguardia del proletariado, la tarea esencial y primordial consiste en luchar contra las desviaciones oportunistas, pequeñoburguesas y pacifistas de la concepción y de la política del internacionalismo.

 

11. En lo referente a los Estados y a las naciones más atrasadas, donde predominan las relaciones feudales, patriarcales o patriarcal-campesinas, es preciso tener sobre todo presente:

 

1) La obligación de todos los partidos comunistas de ayudar al movimiento democrático-burgués de liberación en esos países: el deber de prestar la ayuda más activa incumbe, en primer término, a los obreros del país del cual, en el sentido colonial o financiero, depende la nación atrasada;

 

2) La necesidad de luchar contra el clero y los demás elementos reaccionarios y medievales que ejercen influencia en los países atrasados;

 

3) La necesidad de luchar contra el panislamismo y otras corrientes de esta índole que tratan de combinar el movimiento de liberación contra el imperialismo europeo y americano con el fortalecimiento de las posiciones de los khanes, de los terratenientes, de los mullhas, etc.;

 

4) La necesidad de apoyar especialmente el movimiento campesino en los países atrasados contra los terratenientes, contra la gran propiedad territorial, contra toda clase de manifestaciones o resabios del feudalismo, y esforzarse por dar al movimiento campesino el carácter más revolucionario, realizando una alianza estrechísima entre el proletariado comunista de la Europa occidental y el movimiento revolucionario de los campesinos de Oriente, de los países coloniales y de los países atrasados en general; es indispensable, en particular, realizar todos los esfuerzos para aplicar los principios esenciales del régimen soviético en los países en que predominan las relaciones precapitalistas, por medio de la creación de “soviets de trabajadores”, etc.;

 

5) La necesidad de luchar resueltamente contra los intentos hechos por los movimientos de liberación, que no son en realidad ni comunistas ni revolucionarios, de adoptar el color del comunismo; la Internacional Comunista debe apoyar los movimientos revolucionarios en los países coloniales y atrasados, sólo a condición de que los elementos de los futuros partidos proletarios, comunistas no sólo por su nombre, se agrupen y se eduquen en todos los países atrasados en la conciencia de la misión especial que les incumbe: luchar contra los movimientos democrático-burgueses dentro de sus naciones; la Internacional Comunista debe sellar una alianza temporal con la democracia burguesa de los países coloniales y atrasados, pero no debe fusionarse a ella y tiene que mantener incondicionalmente la independencia del movimiento proletario incluso en sus formas más embrionarias;

 

6) La necesidad de explicar infatigablemente y desenmascarar de continuo ante las grandes masas trabajadoras de todos los países, sobre todo de los trabajadores, el engaño que utilizan sistemáticamente las potencias imperialistas, las cuales, bajo el aspecto de Estados políticamente independientes, crean en realidad Estados desde todo punto de vista sojuzgados por ellos en el sentido económico, financiero y militar. Como un ejemplo flagrante de los engaños practicados con la clase trabajadora en los países sometidos por los esfuerzos combinados del imperialismo de los Aliados y de la burguesía de tal o cual nación, podemos citar el asunto de los sionistas en Palestina, país en el que so pretexto de crear un Estado judío, allí donde los judíos son una minoría insignificante, el sionismo ha librado a la población autóctona de los trabajadores árabes a la explotación de Inglaterra. En la situación internacional presente no hay para las naciones dependientes y débiles otra salvación que la federación de repúblicas soviéticas.

 

12. La opresión secular de las nacionalidades coloniales y débiles por las potencias imperialistas ha dejado entre las masas trabajadoras de los países oprimidos, no sólo un rencor, sino también una desconfianza hacia las naciones opresoras en general, comprendiendo al proletariado de estas naciones. La vil traición al socialismo por parte de la mayoría de los jefes oficiales de ese proletariado durante los años de 1914 a 1919, cuando de modo socialchovinista encubrían con la “defensa de la patria” la defensa del “derecho” de “su propia” burguesía a oprimir las colonias y a expoliar a los países financieramente dependientes, no ha podido dejar de acentuar esta desconfianza en todo sentido legítimo.

 

Por otra parte, cuanto más atrasado es un país tanto más pronunciados son la pequeña producción agrícola, el estado patriarcal y el aislamiento, lo cual conduce de modo ineludible a un desarrollo particularmente vigoroso y persistente de los prejuicios pequeñoburgueses más arraigados, a saber: los prejuicios de egoísmo nacional, de estrechez nacional. La extinción de esos prejuicios es necesariamente un proceso muy lento, puesto que sólo pueden desaparecer después de la desaparición del imperialismo y el capitalismo en los países avanzados y una vez que cambie radicalmente toda la base de la vida económica de los países atrasados. De ahí surge el deber, para el proletariado comunista consciente de todos los países, de demostrar circunspección y atención particulares frente a las supervivencias de los sentimientos nacionales en los países y en las nacionalidades que han sufrido una prolongadísima opresión; asimismo es su deber hacer ciertas concesiones con el fin de apresurar la desaparición de esa desconfianza y esos prejuicios. La causa del triunfo sobre el capitalismo no puede tener su remate eficaz si el proletariado, y luego todas las masas trabajadoras de todos los países y naciones del mundo entero, no demuestran una aspiración voluntaria a la alianza y a la unidad.

 

B. Tesis suplementarias

 

1. La determinación exacta de las relaciones de la Internacional comunista con el movimiento revolucionario en los países que están dominados por el imperialismo capitalista, en particular de la China, es uno de los problemas más importantes para el II Congreso de la Internacional comunista. La revolución mundial entra en un período en el cual es necesario un conocimiento exacto de esas relaciones. La gran guerra europea y sus resultados han demostrado muy claramente que las masas de los países sometidos fuera de los límites de Europa están vinculadas de manera absoluta al movimiento proletario de Europa y que esa es una consecuencia inevitable del capitalismo mundial centralizado.

 

2. Las colonias constituyen una de las principales fuentes de las fuerzas del capitalismo europeo. Sin la posesión de grandes mercados y de extensos territorios de explotación en las colonias, las potencias capitalistas de Europa no podrían mantenerse mucho tiempo. Inglaterra, fortaleza del imperialismo, superproduce desde hace más de un siglo. Con la conquista de territorios coloniales, mercados suplementarios para la venta de los productos de superproducción y fuentes de materias primas para su creciente industria, Inglaterra logró mantener, pese a sus cargas, su régimen capitalista. Fue mediante la esclavitud de centenares de millones de habitantes de Asia y África que el imperialismo inglés llegó a mantener hasta ahora al proletariado británico bajo la dominación burguesa.

 

3. La plusvalía obtenida por la explotación de las colonias es uno de los apoyos del capitalismo moderno. Mientras esta fuente de beneficios no sea suprimida, será difícil para la clase obrera vencer al capitalismo.

 

Gracias a la posibilidad de explotar intensamente la mano de obra y las fuentes naturales de materias primas de las colonias, las naciones capitalistas de Europa han tratado, no sin éxito, de evitar por todos esos medios, su inminente bancarrota. El imperialismo europeo logró en sus propios países hacer concesiones cada vez más grandes a la aristocracia obrera. Mientras por una parte trata de mantener las condiciones de vida de los obreros en los países sometidos a un nivel muy bajo, no retrocede ante ningún sacrificio y consiente en sacrificar la plusvalía en sus propios países, pues aún le queda la de las colonias.

 

4. La supresión por parte de la revolución proletaria del poderío colonial europeo acabará con el capitalismo europeo. La revolución proletaria y la revolución de las colonias deben aunarse, en una cierta medida, para la finalización victoriosa de la lucha. Por lo tanto, la Internacional comunista tiene que ampliar el círculo de su actividad. Debe estrechar relaciones con las fuerzas revolucionarias que tratan de destruir el imperialismo en los países económica y políticamente dominados.

 

5. La Internacional comunista concentra la voluntad del proletariado revolucionario mundial. Su tarea consiste en organizar a la clase obrera de todo el mundo para la liquidación del orden capitalista y el establecimiento del comunismo.

 

La Internacional comunista es un instrumento de lucha que tiene por tarea agrupar a todas las fuerzas revolucionarias del mundo.

 

La II Internacional, dirigida por un grupo de politiqueros y penetrada por concepciones burguesas, no asignó ninguna importancia a la cuestión colonial. Para ella, el mundo sólo existía dentro de los límites de Europa. No consideró la necesidad de vincular al movimiento revolucionario de los otros continentes. En lugar de prestar ayuda material y moral al movimiento revolucionario de las colonias, los miembros de la II Internacional se convirtieron en imperialistas.

 

6. El imperialismo extranjero que pesa sobre los pueblos orientales, les ha impedido desarrollarse en el orden social y económico, simultáneamente con las clases de Europa y América.

 

Debido a que la política imperialista obstaculizó el desarrollo industrial de las colonias, no pudo surgir una clase proletaria en el sentido exacto del término, si bien, en estos últimos tiempos, las artesanías locales han sido destruidas por la competencia de los productos de las industrias centralizadas de los países imperialistas.

 

La consecuencia de esto fue que la gran mayoría del pueblo se vio relegada al campo y obligada a dedicarse al trabajo agrícola y a la producción de materias primas para la exportación.

 

Así se produjo una rápida concentración de la propiedad agraria en manos ya sea de los grandes propietarios fundiarios, del capital financiero o del Estado, y se creó una poderosa masa de campesinos sin tierra. Además, la gran masa de la población fue mantenida en la ignorancia.

 

El resultado de esta política es evidente: en aquellos países donde el espíritu revolucionario se manifiesta, sólo encuentra su expresión en la clase media cultivada.

 

La dominación extranjera obstaculiza el libre desarrollo de las fuerzas económicas. Por eso su destrucción es el primer paso de la revolución en las colonias y por eso la ayuda aportada a la destrucción del poder extranjero en las colonias no es, en realidad, una ayuda al movimiento nacionalista de la burguesía indígena sino la apertura del camino para el propio proletariado oprimido.

 

7. En los países oprimidos existen dos movimientos que cada día se separan más: el primero es el movimiento burgués democrático nacionalista que tiene un programa de independencia política y de orden burgués; el otro es el de los campesinos y obreros ignorantes y pobres que luchan por su emancipación de todo tipo de explotación.

 

El primero intenta dirigir al segundo y en cierta medida lo logró con frecuencia. Pero la Internacional comunista y los partidos adheridos deben combatir esta tendencia y tratar de desarrollar el sentimiento de clase independiente en las masas obreras de las colonias.

 

Al respecto, una de las tareas más importantes es la formación de partidos comunistas que organicen a los obreros y los campesinos y los conduzcan a la revolución y al establecimiento de la república sovietista.

 

8. Las fuerzas del movimiento de emancipación en las colonias no están limitadas al pequeño círculo del nacionalismo burgués democrático. En la mayoría de las colonias, ya hay un movimiento social-revolucionario o partidos comunistas vinculados estrechamente con las masas obreras. Las relaciones de la Internacional comunista con el movimiento revolucionario de las colonias deben servir a esos partidos o a esos grupos, pues son la vanguardia de la clase obrera. Si bien actualmente son débiles, representan, sin embargo, la voluntad de las masas, y éstas los seguirán por el camino revolucionario. Los partidos comunistas de los diferentes países imperialistas deben trabajar en contacto con esos partidos proletarios en las colonias y prestarles ayuda moral y material.

 

9. La revolución en las colonias, en su primer estadio, no puede ser una revolución comunista, pero si desde su comienzo la dirección está en manos de una vanguardia comunista, las masas no se desorientarán y en los diferentes períodos del movimiento su experiencia revolucionaria irá aumentando.

 

Sería un error pretender aplicar inmediatamente en los países orientales los principios comunistas respecto a la cuestión agraria. En su primer estadio, la revolución en las colonias debe tener un programa que incluya reformas pequeño-burguesas tales como el reparto de la tierra. Pero eso no significa necesariamente que la dirección de la revolución deba ser abandonada en manos de la democracia burguesa. Por el contrario, el partido proletario debe desarrollar una propaganda poderosa y sistemática en favor de los soviets, y organizar los soviets de campesinos y de obreros. Esos soviets deberán trabajar en estrecha colaboración con las repúblicas sovietistas de los países capitalistas adelantados para lograr la victoria final sobre el capitalismo en todo el mundo.

 

De ese modo, las masas de los países atrasados, conducidas por el proletariado consciente de los países capitalistas desarrollados, accederán al comunismo sin pasar por los diferentes estadios del desarrollo capitalista.

 

VI. El Frente Antimperialista Único

 

En los países occidentales que atraviesan un período transitorio caracterizado por una acumulación organizada de las fuerzas, ha sido lanzada la consigna del frente proletario único. En las colonias orientales –es indispensable en la actualidad– lanzar la consigna del frente antimperialista único. La oportunidad de esa consigna está condicionada por la perspectiva de una lucha a largo plazo contra el imperialismo mundial, lucha que exige la movilización de todas las fuerzas revolucionarias. Esta lucha es mucho más necesaria desde el momento que las clases dirigentes autóctonas tienden a establecer compromisos con el capital extranjero y que esos compromisos afectan los intereses básicos de las masas populares. Así como la consigna del frente proletario único ha contribuido y contribuye todavía en Occidente a desenmascarar la traición cometida por los socialdemócratas contra los intereses del proletariado, así también la consigna del frente antimperialista único contribuirá a desenmascarar las vacilaciones y las incertidumbres de los diversos grupos del nacionalismo burgués. Por otra parte, esa consigna ayudará al desarrollo de la voluntad revolucionaria y al esclarecimiento de la conciencia de clase de los trabajadores, incitándolos a luchar en primera fila, no solamente contra el imperialismo, sino también contra todo tipo de resabio feudal.

 

El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en el frente antimperialista común. Sólo si se le reconoce esta importancia autónoma y si conserva su plena independencia política, los acuerdos temporarios con la democracia burguesa son admisibles y hasta indispensables. El proletariado apoya y levanta reivindicaciones parciales, como por ejemplo la república democrática independiente, el otorgamiento de derechos de que están privadas las mujeres, etc., en tanto que la correlación de fuerzas existente en la actualidad no lo permita plantear la realización de su programa sovietista. A la vez, trata de lanzar consignas susceptibles de contribuir a la fusión política de las masas campesinas y semiproletarias con el movimiento obrero. El frente antimperialista único está indisolublemente vinculado a la orientación hacia la Rusia de los Soviets.

 

Explicar a las multitudes trabajadoras la necesidad de su alianza con el proletariado internacional y con las repúblicas sovietistas es uno de los principales puntos de la táctica antimperialista única. La revolución colonial sólo puede triunfar con la revolución proletaria en los países occidentales.

 

El peligro de un entendimiento entre el nacionalismo burgués y una o varias potencias imperialistas hostiles, a expensas de las masas populares, es mucho menor en los países coloniales que en los países semicoloniales (China, Persia) o bien en los países que luchan por la autonomía política explotando, al efecto, las rivalidades imperialistas (Turquía).

 

Reconociendo que ciertos compromisos parciales y provisorios pueden ser admisibles e indispensables cuando se trata de tomar un respiro en la lucha de emancipación revolucionaria llevada a cabo contra el imperialismo, la clase obrera debe oponerse con intransigencia a toda tentativa de un reparto de poder entre el imperialismo y las clases dirigentes autóctonas, ya sea hecho abierta o disimuladamente, pues tiene por objeto conservar los privilegios de los dirigentes.

 

La reivindicación de una alianza estrecha con la República proletaria de los soviets es la bandera del frente antimperialista único. Luego de prepararla, es preciso llevar a cabo una lucha decidida por la máxima democratización del régimen político, a fin de privar de todo sostén a los elementos social y políticamente más reaccionarios y asegurar a los trabajadores la libertad de organización, permitiéndoles luchar por sus intereses de clase (reivindicaciones de una república democrática, reforma agraria, reforma de las cargas fundiarias, organización de un aparato administrativo basado en el principio de un “self-government”, legislación obrera, protección del trabajo, protección de la maternidad, de la infancia, etc.). Ni siquiera en el territorio de Turquía independiente, la clase obrera no goza de la libertad de coalición, lo que puede servir de indicio característico de la actitud adoptada por los nacionalistas burgueses con respecto al proletariado.